Detectan que la inmunidad al Covid-19 caduca antes de lo previsto

La solución a la pandemia de la Covid-19 no será la inmunidad natural. Esta máxima va ganando fuerza día a día, mientras los países cuyos gobiernos apostaron por esta vía al inicio de la pandemia encabezan las cifras de fallecidos a nivel mundial: Estados Unidos, Brasil y Reino Unido.

Un nuevo estudio desarrollado por investigadores de la Universidad de Medicina de Chongqing y publicado recientemente en Nature Medicine vino a reforzar este argumento al concluir que los anticuerpos generados de manera natural por el organismo frente a la Covid-19 comienzan a disminuir entre dos y tres meses después del contagio.

«Estos datos podrían indicar los riesgos de usar los pasaportes de inmunidad de la Covid-19 y apoyan la prolongación de medidas de salud pública, incluida la distancia social, la higiene, el aislamiento de grupos de alto riesgo y la amplia realización de tests», concluye el artículo.

Aunque la investigación se realizó con una pequeña muestra de pacientes y los propios científicos de la universidad china admiten que se requieren «urgentemente» nuevas pruebas serológicas para determinar la duración de la inmunidad natural, no es la primera investigación publicada recientemente que apunta en la misma dirección.

Podría dificultar el desarrollo de la vacuna

Una investigación basada en el análisis del plasma de pacientes de Covid-19 realizada por científicos del Laboratorio de Inmunología Molecular de la Universidad Rockefeller de Nueva York fue publicada el 18 de junio en Nature y concluyó que «la mayoría de del plasma obtenido de pacientes recuperados no contenía altos niveles de actividad neutralizante».

Otro estudio de científicos chinos y estadounidenses publicado la semana pasada en el portal médico medRxiv.org analizó a 23.000 trabajadores sanitarios de los hospitales de Wuhan, el epicentro de la pandemia, directamente expuestos a pacientes. Los expertos estimaron que al menos un cuarto de los mismos estaban infectados de coronavirus, pero solo un 4% de los 23.000 había desarrollado anticuerpos.

Antes de que estos estudios se hicieran públicos, la Organización Mundial de la Salud (OMS) publicó un informe científico el pasado 24 de abril en el que aseguraba que no hay «ninguna evidencia» que pueda probar que los anticuerpos producidos tras la infección por coronavirus puedan proteger al cuerpo de una segunda infección.

Todas estas investigaciones no solo desacreditan la inmunidad de grupo como una vía para solventar la pandemia, sino que alertan sobre futuras dificultades que deberán afrontar los científicos que están desarrollando los distintos modelos de vacuna frente al coronavirus.

Akiko Iwasaki, inmunólogo de la Universidad de Yale, declaró ayer al portal de periodismo de investigación chino Caixin que el principio de las vacunas es permitir que se produzcan anticuerpos neutralizantes y que, si los anticuerpos producidos por infecciones naturales son débiles y a corto plazo, la vacuna puede necesitar ser «más fuerte» que el virus, lo que dificultaría su desarrollo.

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