¿Qué son las bacterias resistentes a antibióticos?

Las bacterias son unos seres vivos esenciales para el funcionamiento del cuerpo humano y de todos los ecosistemas terrestres. Sin ir más lejos, los microorganismos que conviven en el intestino componen más de un kilo del peso del individuo, y las actividades de digestión de carbohidratos de origen vegetal suponen un 10 % del aporte calórico diario.

Aún así, al igual que existen bacterias que establecen relaciones simbióticas con el ser humano, otras se benefician de él a base de su perjuicio, conocidas como especies parásitas. Estas generan daños al multiplicarse en el interior del organismo, pudiendo incluso diseminarse por el cuerpo y generando cuadros graves como la temida septicemia.

Bacterias resistentes a antibióticos: una amenaza creciente

Para poder entender la gravedad de este mecanismo evolutivo, primero hay que comprender qué es una bacteria como unidad funcional y cuál es el efecto concreto del antibiótico en sí mismo.

1. Un fármaco eficaz, ¿o no?

Las bacterias son microorganismos procariotas unicelulares, es decir, están compuestas de una sola célula capaz de autorreplicarse por sí misma para dar lugar a dos copias iguales al progenitor. Los antibióticos actúan de diversas formas:

  • Algunos actúan sobre los ribosomas. Estos se vuelven incapaces de sintetizar proteínas, lo que evita el crecimiento y desarrollo de la bacteria.
  • Otros inhiben la síntesis y reparación de la pared celular, lo que imposibilita la replicación.

2. ¿Cómo sucede la resistencia?

Las bacterias resistentes a antibióticos tienen diversas formas de hacer frente a estos fármacos. Tenemos que tener en cuenta que estamos ante unos microorganismos de increíble capacidad adaptativa.

Importancia clínica

No nos movemos únicamente en un marco teórico de interés bioquímico, pues todos estos mecanismos se expresan en la población de diversas formas.

Por ejemplo, un estudio en Tailandia demostró que el uso del Trimetoprim-sulfametoxazol, antibióticos usados durante años para el tratamiento de diarreas no coléricas, habían perdido de forma total su eficacia. Esto también se ha registrado a un nivel temporal y no solo geográfico, pues tras seis años de la introducción de los aminoglucósidos en el ámbito sanitario (bactericidas previamente muy eficaces), comenzaron a observarse cepas de Staphylococcus resistentes.

 

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